Superar la soledad: Tres lecciones para empresarios

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Superar la soledad: Tres lecciones para empresarios

La soledad se manifiesta de manera diferente cuando se trata de personalidades emprendedoras y de liderazgo positivas/negativas en situaciones de crisis.

Por Samir Sathe

Los emprendedores se sienten solos. Y se sienten aún más solos en tiempos de crisis. Diversas estimaciones sitúan esta cifra entre un tercio y tres quintos de la población emprendedora.

No es ninguna novedad que la soledad aumenta considerablemente las probabilidades de padecer dolencias físicas y trastornos mentales, lo que conduce a la depresión. El problema se agrava cuando se trata de emprendedores. Se vuelve más grave en situaciones de crisis.

Tendencias en crisis

La crisis pone de manifiesto varias tendencias. En el contexto de los emprendedores, algunos muestran una mentalidad negativa de rendirse, reaccionar, quejarse, llorar, estresarse (en algunos casos incluso entrar en pánico), casi negociando su camino con la realidad, presionando contra los estímulos, exigiendo apoyo del gobierno, culpando a todo y a todos los que ven fuera y, en muchos casos, incluso dentro de sus empresas cuando tratan con los empleados.

De hecho, algunos emprendedores muestran una mentalidad positiva que les lleva a reflexionar, responder, adaptarse, transformarse y mejorar como personas, lo que les permite impulsar cambios rápidos en sus empresas y ayudar a sus empleados a mejorar como personas.

Desafortunadamente, ambos segmentos de emprendedores se sienten solos. En el primer caso, causan daños y necesitan ser rescatados. En el segundo, impulsan cambios positivos, se adaptan y siguen adelante. En silencio, ellos también se sienten solos, aunque de manera diferente.

Emprendimiento, liderazgo y soledad

La búsqueda de ganancias y escala por parte de los emprendedores y el impulso de crear algo propio es la identidad que buscan. La escala representa su propio conjunto de problemas. Uno de los menos comentados es la soledad.

Los emprendedores, en su afán por alcanzar una escala rentable, deben crear una institución, una organización formada por personas que trabajan para ellos y que buscan su protección, orientación y autoridad. Si no lo hacen, ponen en peligro la escala. Esto exige que el emprendedor desempeñe un papel de liderazgo.

El hecho es que el ADN que caracteriza al emprendedor no es el mismo que caracteriza al líder. La transición al liderazgo acentúa esta diferencia.

Los malos líderes son muy propensos a la soledad, ya que son rechazados, menospreciados, despreciados y la gente no quiere trabajar para ellos. Su soledad es tóxica y puede contagiarse, transmitiendo una mezcla letal de emociones negativas a los empleados, lo que finalmente supone la ruina de la empresa.

Los buenos líderes sufren de soledad, la mayor parte de la cual es silenciosa y reprimida. A los empleados les gustan, los respetan y se unen voluntariamente al propósito de la organización. Sin embargo, eso no significa que estos líderes no se sientan solos. La represión silenciosa de su verdadero yo se produce porque tienen la idea de no parecer débiles.

La soledad se manifiesta de manera diferente cuando se trata de personalidades emprendedoras y de liderazgo positivas/negativas en situaciones de crisis. Esta manifestación afecta a la longevidad de la empresa.

Superar la soledad: Tres lecciones para empresarios

Tres lecciones para superar la soledad

1. Sé el cambio
Los emprendedores deben ser el cambio que quieren ver en el mundo, como dijo el venerado Mahatma Gandhi. Hay que mirar hacia dentro, reflexionar y responder a la crisis. Pedir apoyo no debe ocultar lo que hay que ser y hacer para que ese cambio se produzca. La señal de una mentalidad positiva es que se convierten y desencadenan el cambio dentro de sí mismos y de sus empleados, dedicando menos tiempo a llorar, exigir y quejarse. Esto les hará ganar amigos, sistemas de apoyo y les hará sentirse menos solos.

2. Sé auténtico
Sé tú mismo. Interpretar un papel no significa que tengas que actuar. Los emprendedores, sean buenos o malos, deben ser buenos líderes. El buen liderazgo consiste en ser auténtico. La autenticidad gana compañerismo. A los empleados no les gustan los mentirosos ni los líderes artificiales, aunque tengan un gran sentido de los negocios. Los líderes auténticos tienden a sentirse menos solos.

3. Sé vulnerable
Los paradigmas establecidos del ‘buen liderazgo’ no les permiten expresar y compartir sus sentimientos y emociones con nadie. Se supone que deben mostrar aplomo, compostura, estabilidad emocional, resiliencia, una capacidad casi algorítmica para procesar información y tomar decisiones y, sobre todo, deben mostrarse compasivos cuando tratan con sus subordinados, especialmente en situaciones de crisis. Mi consejo para los empresarios es que compartan, hablen, se involucren, sean sinceros y notarán la diferencia. La naturaleza de la relación entre empleados y empleadores debe cambiar. Al fin y al cabo, no olviden que sus equipos son sus mejores socios.

Fuente: HR World – Economic Times

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